jueves, 10 de marzo de 2011

Colegio de varones San Ignacio: Andrés (parte 2)

Como suele ocurrir en los previos a un acontecimiento importante, los dos días que separaban para el viernes y su repentina cita en el malecón, se le hicieron eternos a Cesar. Esa noche, la que leyó la nota de Andrés, no pudo conciliar el sueño; se la paso calibrando posibilidades, inventándose respuestas, negándose a aquello y pensando que era falso; pero no lo era, la nota ahí estaba, y, como asegurándose de que no era una ilusión, la leía con frecuencia, acompañada de un vacio en el estomago que incrementaba el desasosiego que sufría.



En el colegio la acitud de Andrés fue la misma. No le dirigío la palabra, le miraba a escondidas y fijamente y continuó rozándole el hombro al pasar por su lado en los corredores. Confundido un tanto por las extrañas señales de Andrés, Cesar acudió a la única persona en el mundo capaz de darle un poco de claridad a la turbulencia de su cerebro: Natalia.



No solo era su amiga, era su mejor amiga y la persona más importante en su escaso universo de relaciones. Si era posible que todavía conservara un poco de cordura, se debía a ella y sus maravillosos consejos. Ella fue su paño de lágrimas cuando Enrique se fue, la confidente número uno en su relación con él, la intermediaria cuando ellos planeaban escaparse a un lado. Ella era el ancla que le impedía salir volando del suelo y escapar más alla de la tierra; era la hermana que nunca tuvo ni tendría (los suyos eran un par de orangutanes cuyo cerebro se ubicaba a la altura del sexo), era muchas cosas a la vez, y quizá, la más importante, una de las primeras mujeres que tocó. Porque hubo un tiempo en que Cesar pensó que lo que estaba sintiendo era pasajero, e intentando aclarar su confusión, se lío con tres muchachas buscando en sus brazos un poco de placer. Una de ellas fue Natalia y a pesar que no llegó a tener un orgasmo con ella, obtuvo una fuerte amistad que se afianzo cuando el le confesó, en medio de justificadas recriminaciones, que le gustaban los hombres. Desde entonces eran inseparables y luego de volver del colegio y hacer sus respectivos deberes, se reunían en la sala de ella a conversar largamente.



-¿Así que te invitó el viernes?. !Vaya! Que tipo para raro-le dijo mientras se comía un vaso de helado de chocolate- Y ni te habla, y te mira como comiéndote. Eso es lo que llamo una verdadera forma de joder la cabeza. A todo esto, ¿piensas ir?



-No lo se, creo que sí, pero luego se me viene el recuerdo de Enrique y las ganas se me bajan.-dijo Cesar.



Natalia hizo una mueca al oir el nombre de Enrique. Desde que él se había ido sin razón aparente, había cogido la manía de poner caras feas, ante la mención de aquel nombre. Es un verdadero imbecil-solía decir a menudo-mira que dejarte así, desprotegido en medio de tantos lobos, debío haberte llevado, o por lo menos darte una explicación....Y su monólogo proseguía hasta que Cesar le amenazaba con irse si continuaba criticándolo.



-Bien, lo que pienso es que debes ir...el chico no será muy claro del todo y ganas faltan de enfrentárselo, pero tampoco te puedes quedar cual viuda lamentando la partida de tu amado. Eres joven, guapo, debes tomar lo que te manda la vida. Mira que quién te asegura que otra oportunidad así aparezca. Asi que ve a esa cita, aclara las cosas con el confundido ése y recuperate de Enrique. Si no, vas a acabar más solo que monja enclaustrada...



Tras ellos guardaron un poco de silencio.



-Yo creo que te ahorrarías dolores de cabeza si fueras hetero. Creo que haríamos una estupenda pareja.-dijo ella, mordiendo la cuchara.



-Ja, eso es lo que crees. Con tus antecedentes me imagino que terminaríamos apenas en una semana, o tal vez en menos-dijo Cesar riéndose. Y tenía razón al decirlo, las conquistas de Natalia no se caracterizaban por durar mucho. La última de todas (un dj poco habaldor) duro apenas dos semanas. Ella decía que su problema era una falta de compromiso con los hombres. Me aburro mucho, no se, creo que soy inestable, solía decir. -Yo pienso que la que se debe cambiar de bando eres tú, quién sabe, puede que con las mujeres te vaya mejor.-agregó Cesar.



-No lo creo-respondió Natalia pensativa- No me imagino haciendo el cunnilingus, no, señor-negó con la cabeza- Estoy bien con los hombres, hasta que me aburra de ellos, claro, ya despues veré. En fin, el caso es que este viernes tienes una cita y necesitas estar muy lindo. Ya verá ése mudo, tras verte se volverá un loro.




El jueves por la tarde, Natalia llevó a Cesar a un centro comercial en el centro de la ciudad. Le hizo probar distintas combinaciones, le llevó de tienda en tienda, alteró los nervios de dos vendedoras y se atrevió a conquetear con el gerente de una perfumería. Finalmente, cuando Cesar estaba al borde de un arranque de ira, Natalia se quedó muda al verlo salir del probador de la décima tercera tienda que visitaban vistiendo una camisa blanca, una chaqueta negra y un pantalón que resaltaban las formas redonda de sus nalgas. Recuperada de la impresión, sentenció:




-Si el mudo no te lleva a la cama el viernes, te juro que yo lo haré.




Luego de ello, siguió una sesión de peluquería. Esta vez, Natalia sabía con exactitud donde llevarlo. El estilista, un tal Robert, era amigo de Natalia desde que la peinó para su primer casting (porque Natalia aspiraba ser una modelo y sus primeros intentos se limitaban a un comercial para una linea de jabones), tenía la manía de decir Tesoro, se conocía todos los chismes de la ciudad y sus temas de conversación abarcaban distintos campos. Como le cayó muy bien , permitió que Natalia le contara sus aventuras con Andrés, su relación frustada con Enrique y el conflicto de sentimientos por el que pasaba. Robert escuchó la historia con interés, y al acabar de oirla, sacudió la cabeza, sonriendo.




-Ay tesoro. Con quince años y pasando por ello.-le dijo sorprendido- Ya sabes lo que es la perdida de un ser amado, tienes una lucha interna por dos hombres...bueno, !qué envidia! Yo a tu edad aún me daba miedo ponerme a jugar con los niños y el baboso que me gustaba apenas se fijaba en mí. Deben ser los tiempos, ahora todo es directo, rápido. De todos modos, lo que yo pienso, es que si el tal mudo quiero contigo, deberías pensarlo. Creo que todavía amas a Enrique y sea cual fuera el mótivo por el que se fue, debes buscar la forma de ubicarlo. El amor es muy dificíl de encontrar, en especial en nosotros.




Natalia rebatió la opinión de Robert, y él defendió la suya. Mientras ambos intercambiaban sus puntos de vista, Cesar se miró en el espejo y recordó la escena de la noche previa a la partida de Enrique. Recordó la tristeza en su mirada, ese silencio que escondía mucho y decía demasiado. Enrique había cayado algo, y era muy importante como para no decírselo. Ese algo lo había llevado a tomar la decisión de dejarlo e irse lejos, y lejos era un lugar intrincado aún, un lugar que en estos momentos le daban a Enrique la paz que acá no tuvo, ni siquiera con él; lejos era un muro que se ponía al frente de Cesar cada vez que sacaba conjeturas, un muro alto, imponente, aplastante. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Buscarlo, esperarlo, guardar una especie de luto por su partida? ¿A quién debía hacer caso, a Natalia o a Robert?. Tras pensarlo unos minutos, decidió:




-Voy a ir mañana. Aclararé las cosas con Andrés y a base de ello, tomaré una decisión . No puedo permitir que la partida de Enrique me ponga en un estado estático. Si él hubiera confiado en mí, me habría dicho ese algo que le molestaba. El amor es confianza, es decirse lo malo y lo bueno. Tal vez le faltó un poco de eso.




Natalia y Robert se callaron, serios. Por su lado, Cesar hizo de esfuerzos para no llorar. No quería verse débil, no delante de sus amigos. Pagaron la cuenta, se despidieron de Robert y regresaron a casa en medio de un incómodo silencio, que era mitigado por el parloteo de Natalia sobre unos chicos de su colegio y sus planes de mudarse a vivir sola, una vez que su carrera de modelo despegara. Una vez que Cesar llegó a su habitación, dejó que la avalancha de emociones cayeran por su pecho y se liberaran a travez de un llanto liberador, largo, un llanto que se prolongó hasta muy de noche, un llanto como pocos en su vida. Y en tanto lloraba, miraba una foto que Enrique y él se tomaron un día de salida. En ese entonces tan felices; hoy, no quedaba nada de aquello, solamente recuerdos.


El viernes llego y las horas de la mañana pasaron con una angustiosa lentitud para Cesar. Trató de no mirar a Andrés y concentrarse en la clase, de ese modo, las horas fueron menos agobiantes. Al caer la tarde, ya en casa, se tomó una ducha y se vistió con parsimonia. Se encontraba débil, afiebrado por un nerviosismo poco común. Natalia le llamó media hora antes de que partiera. Le preguntó si se sentía listo, el mintió que si.


-Animo hombre, ve y doma esa fiera. Besos-le dijo.


Consciente que no sabía si terminaría encontrándose con Andrés, Cesar salió de casa bajo los pálidos rayos de sol de la tarde. Al llegar al malecón, ya no quedaba nada del día, apenas la bola naranja que se sumergía pausadamente en el horizonte. Vio el atardecer con un poco de nostalgia, recordando pasajes de su relación pasada. Unas cuantas parejas se besaban a un lado, un chiquillo vendía golosinas con bastante insistencia, unos vigilantes se paseaban de un lado a otro. No supo cuánto tiempo estuvo mirando el mar, ni si él le vigiló mientras lo hacia, el caso es que al girarse él estaba ahí, observándole del mismo modo que antes, sólo que esta vez, sonreía. Cesar se quedó impresionado al verlo:lucía hermoso, demasiado hermoso.


-Hola-dijo Cesar tartamudeando.

-Hola-le respondió él- Luces bien cuando estás callado. Te ves diferente.


Llevaba las manos metidas a los bolsillos, vestía una casaca de cuero negra y un jean azul. Su peinado engominado de todos los días era reemplazado por uno con flequillo, lo que le daba un toque sexy. Cesar no supo si quedarse ahí o pedir que se sentara. Como si él le hubiera leído el pensamiento, le dijo:


-Miremos lo que queda del atardecer. Luego iremos a un lugar que te va a gustar. La noche apenas empieza para los dos.


Las piernas de Cesar flaqueron al escuchar aquello...Pensó que después de todo, Natalia pudo haber tenido un poco de razón.







7 comentarios:

Pancho dijo...

que bonito blog, me ha encantado y me he leido todo jaja.
veamos donde se van ahora :)

elprimersilencio dijo...

jaja. muchas gracias Pancho, ya pronto se sabra la continuacion-.-

Christian Ingebrethsen dijo...

Mis felicitaciones por tu blog, ya tienes un nuevo lector. ;)

Besos.

elprimersilencio dijo...

jajja..muchas gracias christian....nos estaremos leyendo.

Thiago dijo...

jaja ya se está poniendo emocionante, cari... La cosa está que arde.

Muy bien escrito el relato, además. Bezos.

HISTORIASDEJMEC............ dijo...

gracias por tu comentario en mi blog,seguire viniendo....abrazos.....

elprimersilencio dijo...

jejej...si que promete thiago, aun falta lo mejor.....-.-